América Latina enfrenta un momento decisivo para impulsar su desarrollo a través de la infraestructura. Un enfoque estratégico en infraestructura puede transformar economías, mejorar la vida de millones y contribuir al cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.
La alianza Infralatam, conformada por el BID, CAF y la CEPAL, reporta que la región invierte actualmente un 1,8% del PIB en infraestructura, muy por debajo del 3,12% requerido para cerrar la brecha de infraestructura y alcanzar las metas de la ONU antes de 2030, lo que implica una inversión total estimada en USD 2.220.740 millones.
Entre 2019 y 2023, el promedio de la inversión pública en infraestructura se mantuvo estancado, sin responder al aumento de demandas sociales y productivas.
El rezago ha generado:
Es indispensable incrementar la asignación presupuestaria y movilizar recursos de financiación innovadora para revertir esta tendencia.
La inversión en infraestructura impacta la economía en diversas dimensiones. En el corto plazo, actúa como un estímulo directo sobre la demanda.
A largo plazo, los beneficios se multiplican y se enfocan en:
Se proyecta un crecimiento del PIB regional de 2,1% a 2,2% en 2026, tras un 2,3% en 2025. Sin embargo, las tasas varían significativamente entre países:
Surgen tres áreas prioritarias de inversión:
Para maximizar el impacto económico y social, es fundamental focalizar recursos en sectores con alto potencial de rentabilidad y desarrollo:
El caso español revela beneficios y riesgos asociados a una elevada participación en infraestructura:
Expertos de BTG Pactual, Morgan Stanley y Bank of America coinciden en que América Latina es atractiva pese a un crecimiento moderado. Para capitalizar estas oportunidades, se sugieren:
La experiencia global demuestra que no basta con aumentar el gasto: es preciso diseñar proyectos eficientes, transparentes y alineados con las necesidades locales.
Construir un futuro sólido implica la colaboración entre gobiernos, sector privado y organismos multilaterales. Solo así será posible movilizar los USD 2,2 billones necesarios y transformar la región.
La infraestructura no es un simple gasto, sino una palanca de desarrollo sostenible y bienestar social. Invertir hoy es garantizar la prosperidad de las próximas generaciones.
Referencias