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Protección Patrimonial
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Patrimonio Resiliente: Adaptándose a los Cambios

Patrimonio Resiliente: Adaptándose a los Cambios

27/02/2026
Lincoln Marques
Patrimonio Resiliente: Adaptándose a los Cambios

El patrimonio cultural es más que un conjunto de objetos antiguos o paisajes pintorescos: es un reflejo vivo de nuestra identidad colectiva. En un mundo marcado por crisis climáticas, transformaciones sociales y presiones económicas, la capacidad para prepararse, resistir y recuperarse cobra un valor estratégico. Este artículo explora cómo comunidades, instituciones y expertos pueden impulsar un modelo de patrimonio resiliente, combinando protección, innovación social y transformación sostenible.

Desde definiciones académicas hasta experiencias prácticas, conoceremos casos inspiradores y herramientas que facilitan la planificación, protección y puesta en valor del legado cultural. La meta: generar colectivamente propuestas que integren continuidad y cambio, salvaguardando nuestra memoria y estimulando el desarrollo local.

Definiciones clave de resiliencia cultural

La noción de resiliencia cultural alude a la absorber perturbaciones y organizarse ante cambios sin perder la esencia de una comunidad. Walker et al. (2004) la definen como la capacidad de un sistema para mantener su función, estructura e identidad tras un choque. La Comisión Europea (2012) enfatiza la habilidad de preparar, resistir y recuperarse de eventos extremos.

En el ámbito del patrimonio, Holtorf (2018) aporta que los sistemas culturales pueden integrar continuidad y transformación, generando nuevas narrativas a partir de pérdidas o daños. Bouchard (2013) distingue tres tipos de resiliencia:

Por otra parte, el concepto de "resiliencia de la distinción" (Bousquet y Matheyet, 2019) resalta la retener identidad ante perturbaciones. Desde enfoques críticos, la pérdida se ve como un catalizador de evolución, promoviendo nuevos valores y sostenibilidad (De Silvey y Harrison, 2019).

Intersecciones entre patrimonio, paisaje y resiliencia

El patrimonio cultural y los paisajes conforman un entramado social que asigna valor a la memoria colectiva. La UNESCO (1992) define paisaje cultural como el resultado de la interacción entre la gente y su entorno, donde se inscriben itinerarios, bienes en serie y territorios transfronterizos.

En este contexto, la resiliencia emerge como una respuesta adaptativa sustentable, similar a la biodiversidad en ecosistemas naturales. Comunidades indígenas ejemplifican esta dinámica: el rescate de semillas nativas, las técnicas agrícolas ancestrales y la transmisión oral de saberes garantizan la soberanía alimentaria y la cohesión social (Moragas, 2017).

El concepto de memoria biocultural destaca la memoria biocultural desde lo local, que integra narrativas de naturaleza y corporalidad. De abajo hacia arriba, estas intervenciones fortifican la trama social y ambiental frente a procesos de modernización y globalización.

Amenazas y estrategias de adaptación

El cambio climático representa una de las mayores amenazas al patrimonio inmaterial y material. El aumento del nivel del mar, eventos meteorológicos extremos y la degradación ambiental impactan en edificios históricos, monumentos y tradiciones comunitarias.

La iniciativa RescueME de TECNALIA desarrolla mapas de impacto climático en paisajes culturales costeros europeos, ofreciendo herramientas para planificación dinámica de protección. Este proyecto se alinea con la Estrategia de Adaptación al Cambio Climático de la UE y la Recomendación UNESCO sobre Paisajes Urbanos Históricos.

Casos prácticos de resiliencia comunitaria

  • Murupara, Nueva Zelanda: La comunidad maorí recuperó prácticas ancestrales tras desastres naturales y políticas coloniales. La conexión con el patrimonio lingüístico y ceremonial impulsa el bienestar, la gestión ambiental y la generación de ingresos culturales.
  • Rescate de semillas nativas: Diversos colectivos agrícolas en América Latina realizan bancos de semillas y celebran ferias comunitarias para mantener la diversidad genética y cultural, fortaleciendo redes de apoyo frente a agrotóxicos.

Innovación social y desarrollo territorial

La Plataforma de Dublín sobre Patrimonio Cultural e Innovación Social impulsa proyectos que atienden necesidades de educación, inclusión e igualdad de género. El Observatorio HESIOD define la innovación social como la creación de nuevas soluciones para conservación y gestión, fomentando la participación ciudadana activa.

El patrimonio, en este enfoque, se convierte en un factor de desarrollo territorial: recurso económico y social que dinamiza el cambio cultural y económico. La articulación entre actores públicos, privados y comunidades fortalece las cadenas de valor local y promueve la cohesión.

Conclusiones y reflexiones para el futuro

La tensión entre modelos conservadores y transformativos, así como entre enfoques top-down e iniciativas comunitarias, exige un equilibrio. Para avanzar hacia un patrimonio resiliente, proponemos:

  • Promover mecanismos de gobernanza inclusivos, donde la comunidad participe en la toma de decisiones.
  • Fomentar redes de intercambio de conocimientos entre territorios y disciplinas.
  • Implementar políticas flexibles que integren evaluación de riesgos y proyectos de adaptación.
  • Incentivar proyectos de innovación social que reconozcan y valoren saberes ancestrales.
  • Construir narrativas que celebren tanto la continuidad como la transformación cultural.

En definitiva, un patrimonio resiliente no es únicamente una herencia estática, sino un proceso dinámico de construcción colectiva. Al armonizar conservación e innovación, podemos asegurar que nuestras raíces culturales continúen nutriendo a las generaciones futuras, manteniendo viva la memoria y potenciando el desarrollo sostenible.

Lincoln Marques

Sobre el Autor: Lincoln Marques

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